jueves, agosto 18, 2022
    A MAGNUS AMPLECTARIS (Un gran abrazo)

    Karla Caballero

    En su poemario brevísimo Antidewey (notas de campo), Teresa Avedoy (Guamuchil, Sinaloa, 1979) consigue ensamblar el universo inconmensurable de los libros y las personas. Cada persona puede ser un libro porque todo el mundo tiene una historia que contar. Bajo esta premisa las personas son libros que hablan y no hay mejor manera de presentar a la autora de este poemario.

    Su trabajo suma ya siete libros, todos de poesía, y ha sido becaria del Fondo Estatal para la Cultura y las Artes FECA, de la Fundación para las Letras Mexicanas FLM y del Fondo Nacional para la Cultura y las artes (FONCA), y ganadora en la categoría de Poesía con el libro “Dicen que en esta ciudad sólo se deberían escribir novelas negras”.

    Antidewey reúne fragmentos variopintos que pueden danzar entre versos compactos, dispersos y fragmentarios. En él encontramos registros, tonos y un estilo muy particular. En su escritura hay un espectro amplio de búsquedas. A través de sus páginas transitamos por los caminos de lo cotidiano, la etnografía de lo urbano, referencias bibliófilas y el absurdo de la vida.

    Algo muy característico de su poesía es envolvernos en una conversación, ya sea como prólogo o inicio de una charla a punto de convertirse en una confesión, hasta llevarnos al más críptico y sinuoso silencio, como un enigma que se niega a ser descifrado. Me parece un gran atributo de su escritura esas intermitencias y que esté despojada de adornos y de metáforas gastadas.

    Deconstruye irónica y a veces paródica la existencia misma, por lo que podemos hallar poemas con diversos tonos; los hay demoledores, antisolemnes y escépticos. Sus poemas cabalgan entre ideas y pensamientos ya sea en forma de haiku, lista, registro de bitácora o juegos del lenguaje. En el poema El ruta 117, Nuevo León dedicado a Monterrey, escribe:

    De pronto el autobús Ruta 117 cruza un puente

    construido sin modernidad filosófica

    y altas dosis de emergencia

    para reemplazar al anterior

    que el huracán vino vino y devoró:

    corrector furioso de la traza administrada

    por regios corruptos y constructores.

    En esta y su obra anterior, la autora insiste en su rechazo a los moldes, al artificio y a lo repetitivo. Por momentos su estilo tiene ecos a la escritura de Raymond Carver y Nicanor Parra. Del primero por su estilo minimalista y por la facilidad de capturar las pequeñeces de lo cotidiano, como se aprecia en el siguiente verso: “en lugar de nariz le nació un brote de página: leía al borde de la devoción”. Del segundo,por la ironía, prosaísmo y los quiebres sintácticos del lenguaje: 

    Lo que me gritó un indiccionario:

    Psicofagia: Estar con el come-come.

    Dadafónico: No seas dadofónica, me dijo mi exmen en un sueño.

    Lentira: Una mentira que camina muy despacito, según Obed.

    Contrafecto: Dulzura transmutada en rabia.

    Encontramos varios poemas en ofrenda al libro, el lector y las bibliotecas. En Amplitud Modular y en Antidewey se revela su corazón de bibliotecaria. El primero se lo dedica a la Biblioteca Vasconcelos: “Visitar edificios de gran escala provoca sueños altos”. Del segundo poema escribe: “Todos saben que yo sólo tengo sentimientos bibliográficos; por usted (…) un corazón de biblioteca tiene cada quien, cuando abriga una ciudad de preguntas dentro”.

    Su escritura nos instiga a leernos y cómo no hacerlo en un mundo donde el bullicio y el caos hacen del silencio un lujo. Sus poemas abrevan a mirar hacia adentro y detenerse a observar. Para Avedoy los libros son un acto de salvación y la biblioteca: “es este apego por surfear en nosotros mismos desde un hermoso mar de afinidades”, comenta en una entrevista. En su poema Biografía del lugar, escribe: “Para sobrevivir hay que creer en algo, yo creo en las bibliotecas (…) en una biblioteca la relación con el interior no es de encierro”. Su poemario nos ofrece una isla de posibilidades para aprender a leer(nos) como la librería de lo interior. Me gusta pensar que el poemario de Tere es un gran abrazo (A magnus amplectaris) a los libros y los lectores.


    Karla Caballero. (Ciudad de México, 1987). Licenciada en Historia y Estudio de Humanidades por la UANL. Dedica su trabajo a la promoción cultural y actualmente colabora como bibliotecaria en la Biblioteca Universitaria “Capilla Alfonsina”. Cultiva el interés por la escritura del ensayo y crítica de cine. En sus tiempos libres participa en proyectos creativos donde interactúa la naturaleza y el diseño artesanal.