martes, septiembre 27, 2022
    Cómo matar al “ángel del hogar” en siete sencillos pasos

    Ave Barrera

     

    No. 1 

    Repite conmigo: la maternidad no es para todas las mujeres. Tener un útero no nos obliga a procrear, lo mismo que tener dos piernas no te obliga a ser atleta. La maternidad será deseada o no será. De acuerdo, eso ya lo sabemos. Pero cuidado: el ángel del hogar se encargará de hacerte creer que sientes ese deseo, pondrá espejismos frente a tus ojos, insistirá en la idea de una falsa necesidad y te mostrará la visión oscura de funestas consecuencias que supuestamente nos esperan a las que desobedecemos el mandato de la procreación. También susurrará en tu oído los motivos del miedo y la invalidez, la amenaza del arrepentimiento. Debes saber que el ángel del hogar miente. Es tramposo y su mentira suele adquirir formas muy sutiles. Repite conmigo: la maternidad no es para todas las mujeres. Es una vocación tan válida como cualquiera, admirable, compleja, la más valiosa y la más injusta. Por eso mismo piénsatelo diez veces, si no es para ti, no es para ti. Y está bien. Repite una vez más: la maternidad no es para todas las mujeres. Tampoco es la paternidad para todos los hombres, con la diferencia de que ellos  se han adjudicado esa prerrogativa desde siempre y no dudan en ejercerla aún cuando ya hayan procreado. 

     

    No. 2 

    Aprende a reconocerlo. En tiempos de doña Virginia Woolf, la figura del ángel del hogar encarnaba en la mujercita abnegada y frágil, con delantal y gorro blanquísimos, que arrullaba a un bebé Gerber sobre el regazo al lado del fogón. Aunque el paso de un siglo a otro cambió el fogón por electrodomésticos y el atuendo se volvió más glamoroso, la figura sigue siendo igual de ridícula. Hacia finales del XX, el ángel aprendió nuevas artimañas y le hizo creer a nuestras madres que podían ser todo al mismo tiempo: súper mujeres que, al cambiar el vestido ampón por el traje sastre y las ollas por el portafolios y la Palm, se volverían poderosas y libres. Nada más lejos de la realidad. Nuestras madres y abuelas cayeron en la artera trampa de la doble jornada, con sus infaltables compinches: la brecha salarial, la invisibilización del trabajo doméstico, la precarización de la vida, la violencia doméstica y otras linduras. Pero no te confíes, el ángel se ha inventado nuevas artimañas para el nuevo siglo. Ahora se nos muestra bajo la imagen de un falso hippismo pachamamesco, ultraconsciente, moral y espiritualmente superior. Nos dice que ser madre es “lo natural” (como lema mercadológico de bebida light), nos habla de doulas chamanas que nos conectarán con nuestras ancestras, de partos orgásmicos y del placer de las mamas que alimentan. No dudo que haya algo de cierto (a pesar de lo que narran los testimonios reales de madres reales), el asunto es que el ángel utiliza ese imaginario como argumento de manipulación de nuestra voluntad para, una vez más, hacernos creer que si no somos madres estaremos incompletas, que mi cuerpo de feminista, deconstruida, vegana, yogui, zero waste, orgánica, alcalina y de chacras alineados con el universo únicamente cumplirá su propósito al procrear. Same shit

     

    No. 3 

    No intentes negociar con él. El ángel del hogar es un maldito terrorista, nunca estará satisfecho. Si tratas de contentarlo y decir “bueno, tendré solo uno”, vendrá a reclamarte que por qué no tuviste dos, qué no ves los traumas que sufren los hijos únicos, eres una egoísta. Y si tienes dos, reclamará porque no le dedicas suficiente tiempo a ambos, por la huella de carbono que dejarán sus pañales, porque su educación no es suficientemente alternativa, porque te tuviste que divorciar, porque comen azúcar, you name it. El ángel del hogar nunca de los nuncas vendrá a decir: bien hecho, eres una madre competente, has cumplido con tu deber hacia la humanidad al reproducirte, puedes quedarte tranquila. Todo lo contrario, está hecho para atormentarte y, si no le das batalla y acabas con él, lo más probable es que él acabe contigo (al menos en sentido figurado).

     

    No. 4 

    Encáralo, no le saques la vuelta ni te vayas por la tangente, que es en los espacios grises y difusos donde se acumula su aliento ponzoñoso; es en los momentos de incertidumbre cuando se acerca de puntillas para trasminar su influjo pertinaz en tu mente. Encáralo y ponle palabras a tus dudas donde sea y con quien sea: con la terapeuta, con la señito que te hizo plática en el autobús, con les amigues, en tu diario, en los mensajes de voz que te mandas a ti misma por Whatsapp. Lo importante es confrontar mediante las palabras las artimañas del ángel del hogar que te hacen sentir que es una opción de vida razonable, aceptable, cómoda e incluso deseable. Cuando dudes al ver las fotos de la vida perfecta de tu amiga con hijes, sus poéticas publicaciones que dan cuenta de cómo redescubrió el mundo y la magia y el sentido de la vida a partir de la mirada espontánea y pura de su crío; puedes estar segura de que se trata del ángel del hogar. Confróntalo, dile que te muestre la contracara de esas imágenes idealizadas. Llévale a tu amiga una botella de vino y un porro, dile que te cuente la verdad, contigo puede abrirse y ser sincera, no vas a juzgarla. Su necesidad de mostrar al mundo su vida perfecta muy probablemente oculte la pesadilla que está viviendo, pero tú estás ahí para atravesar su sala minada por el desorden, las migajas y los pañales usados, sentarte junto a ella, escucharla y abrazarla. Confronta también a sus emisarios: a la ginecóloga falta de ética que te recuerda que la fábrica no va a estar abierta por siempre; a la que te ofrece folletos de fertilidad asistida porque ya no te cueces al primer hervor; a las abuelas que se preocupan porque vas a quedarte sola (abuelita, ¿y cómo fue que usted se quedó sola?); a los padres que reclaman nietos (pudieron tener más hijos si lo que querían era asegurar la preservación de su progenie); a los novios tóxicos que se sienten con derecho sobre tu cuerpo; a los discursos heteronormados; al capitalismo que no es sino la gran boca de sanguijuela del patriarcado.   

     

    No. 5 

    Adopta un gato. De ser posible un gatito bebé, es la cosa más tierna del mundo, un trancazo de oxitocina. Adopta a otro gato, y si puedes costearlo, también a un perro, que sea callejero, el más flaco y desvalido. Son el combo perfecto: te hará sentir necesaria, indispensable, que la vida de alguien es posible gracias a ti. Llena tu casa de plantas, entre más delicadas y caprichosas, mejor. Así podrás experimentar la dependencia constante de seres vivos que podrían morir en tu ausencia. Los tres son eficientes paliativos para disminuir los efectos demandantes del ángel del hogar que seguro asimilaste desde la infancia. Debes saber que por mucho que consientas y malcríes a tu perro, por mucho que arrulles en los brazos a tu gatijo o le hables a tu monstera deliciosa, nada de esto se asemeja siquiera por asomo a la experiencia de la maternidad. La vida en compañía de mascotas y plantas no es ni un símil, ni una sombra, ni un sustituto de lo que la maternidad representa en la vida de una mujer. Quizá aporta algunos de sus beneficios, sin suponer sus muchas desventajas. Nadie te meterá a la cárcel por haber matado (otra vez) a un cactus. No sentirás (tanta) culpa por haber malcriado a tu perro, y en cuanto a los gatos no hay nada que pueda salir mal porque son gatos, saben exigir los cuidados y el amor que merecen y, si no se los das, se van.

     

    No. 6 

    Aprecia el valor de ser individual. Estás completa, no necesitas más. Les parejes y les hijes son accesorios prescindibles, lábiles, ahora están, ahora ya no. Lo importante es que tú te sientas íntegra tal y como eres. Una de las artimañas favoritas del ángel del hogar es hacernos sentir solas. Ya sabes, como cuando el papá dice alarmado: ¿y cómo van a ir solas las tres? A estas alturas de la cuarta ola, ya sabes lo importante que es crear redes fuertes con otras mujeres, ya sabes que nos apoyamos y que es el patriarcado quien nos quiere hacer creer que existe una competencia intrínseca entre nosotras. Pero no siempre estás acompañada y es normal que a veces nos agarre la melancolía. En esos momentos el ángel aprovecha y murmura con lengua viperina que te sientes triste porque no has sabido formar una familia, nadie te quiere y, además, estás fea y estás gorda. Es un desgraciado. Cuando eso pase, pon tu dedo índice sobre sus labios y dile: Escucha… Exacto, es el silencio. Las mujeres con hijos no tienen ese bien preciado. Toma un baño caliente, sal envuelta en una toalla afelpada y tiéndete en el sofá, mastúrbate, píntate las uñas de rosa, ponte una mascarilla en la cara y ve al refri por una cerveza. Escucha el sonido de las burbujas o tu voz interior o un disco de Juanga. Eres una mujer privilegiada por estar contigo. Reconoce el privilegio de comer un chocolate sin que te lo quiten, de leer más de cuatro minutos seguidos, de encender la tele y elegir lo que tú quieras en lugar de ver Encanto por vigésima octava ocasión.

     

    No. 7 

    Mata al maldito ángel del hogar las veces que sea necesario. Es un zombie de siete suelas que tiene la capacidad de revivir una y otra vez. Cuando pensabas que ya lo habías vencido aparece bajo otro rostro, con nuevas y refinadas premisas, se mete en el cuerpo de las personas que amas y ataca tus lados más vulnerables, en los momentos de mayor fragilidad. No tiene abuela. Pisotéalo como la cucaracha que es cada que se te aparezca, acaba con él, aun si tu deseo genuino es convertirte en madre y muy especialmente si ya lo eres, porque nunca será tarde para deshacernos de ese lastre absurdo. Sé “mala”, sé “egoísta”, sé “desnaturalizada” si eso te permite dar prioridad a tus necesidades y mantener tu integridad. Desenmascara sus artimañas, no compres su versión de felicidad y por ningún motivo aceptes jugar con sus reglas, porque bajo las reglas del patriarcado (y el ángel del hogar solo es una de sus manifestaciones) las mujeres siempre saldremos perdiendo. 

     

     

    San Miguel Ajusco, 23 de junio de 2022.

     


    Ave Barrera. (Guadalajara, 1980) es escritora y editora. Su primera novela titulada Puertas demasiado pequeñas (Alianza, 2016) obtuvo el premio Sergio Galindo. El libro de artista 21,000 Princesas, realizado en coautoría con Lola Horner obtuvo el 1er lugar en el Concurso Internacional de Libro de Artista Lía 2015. Su más reciente novela, Restauración obtuvo el Premio Lipp la Brasserie en 2018. Ha publicado sus cuentos y relatos en diversas antologías y medios electrónicos. Actualmente trabaja como editora de la Colección Vindictas, de la Dirección General de Publicaciones, de la Universidad Nacional Autónoma de México.

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