Lola Horner
Imagino a las autoras como un conjunto de brujas que se instalan cómodamente alrededor de su caldero, hechiceras listas para su cometido. Los ingredientes principales los conocen. Están determinadas a modificar la receta para que convenga a sus propios fines. Esperan la luna llena e, intoxicadas por el disfrute del aquelarre, van plantando yerbas venenosas que nunca se habían visto por aquellos parajes. En ocasiones parecen casi idénticas a los árboles clásicos, pero en realidad ocultan otro tipo de poderes. Los corros de setas venenosas pueden atrapar al lector incauto; las madreselvas que se enroscan a los troncos les cambian el color y el aroma para siempre. Las brujas están decididas a vandalizar el bosque y lo consiguen poco a poco, un cuento a la vez.
Estas autoras escriben desde dos periferias distintas: como mujeres y como ciudadanas de un tercer mundo que posee elementos constitutivos del todo diferentes, principalmente a nivel político. Además de su condición femenina escriben desde una posición periférica con respecto a un género literario que de por sí se considera menor (el cuento de hadas) en su versión para adultos (menos conocida que su vertiente infantil) y, en muchos casos, desde los márgenes de un sistema: las lindes del bosque.
Si alguna vez el cuento de hadas sirvió como recipiente de verdades culturales que nos ayudaban a sobrevivir en tanto seres humanos, hoy se ha transformado en un espejo ideológico donde nos miramos y cuestionamos nuestros mandatos sociales. Se convierte en un espacio privilegiado para la reproducción de estereotipos, pero también para resistirlos, cuestionarlos y subvertirlos. Propongo que entremos en un juego de (re)lecturas tomando como pretexto cuatro cuentos canónicos: “Barba Azul”, “Caperucita Roja”, “La bella y la bestia” y “La bella durmiente”. Son cuatro bifurcaciones del sendero, cada una marcada por los pasos de las brujas que nos anteceden, quienes, a su vez, los retomaron de siglos y siglos de narrativas anteriores.
Alcanzo a verte a ti, lector, que has decidido pisar la frontera para adentrarte en el bosque. Seguramente has estado aquí antes, aunque quizá no lo recuerdes. Las veredas que te invito a recorrer se desvían de los caminos principales, y por lo tanto no están exentas de riesgos. Los monstruos y las sorpresas que los habitan son irresistibles, pero pueden llegar a ser mortales. Los cuentos que nos narran las escritoras, estas brujas alrededor de su caldero iluminan nuestro camino tanto como lo oscurecen. Escucha con atención y abre bien los ojos, porque te encuentras ante el misterio de la transformación.
Horner, Lola. (2023). Prólogo. Otro bosque. Mujeres y cuentos de hadas en Latinoamérica. Monterrey: UANL; pp.19-23.
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