viernes, abril 4, 2025
    Selección de AntiDewey (notas de campo)
    Teresa Avedoy

    En lugar de nariz le nació un brote de página: leía al
    borde de la devoción.

    El Universo es en estantes.

    Todos saben
    que yo sólo abrigo sentimientos
    bibliográficos;
    por usted
    no hace falta que exista una palabra
    donde antes había un río.

    La cantante con bata blanca que reserva su voz
    —excepto cuando hay cómic y manga de por medio—
    repasa entre pasillos
    la función de la válvula tricúspide,
    se preocupa con susurro de ventana.

    Este es su cada lugar, su cada quien
    su aroma
    su día
    su teclado.

    Medianamente feliz
    el dedo corre medio maratón entre renglones:

    hace del salto una pregunta,

    salta las charcas de la fe.

    Y la mañana da otra vuelta a la hoja del libro-

    semana
    como quien no quiere la cosa.

    En el jardín
    la estación tiene un índice de hojas;
    luego, la estación tiene un índice de frutos.

    Es la hora en la que su empeño les cumple nuevos

    Logros

    a ella, la que ensaya respuestas del mundo en

    acrílico,

    y a aquella otra, la de invisible acento de

    metapiano.

    El ex-músico de jazz sincasa,

    quiere dormir apilando los instintos

    hasta que caigan las respuestas de una sola voz.

    Un corazón de biblioteca tiene cada quien,
    cuando abriga una ciudad de preguntas dentro.

    El sol sobre las lámparas arroja luz
    como arrojaría ternura de metal.

    Si el botón coopera en dirección al tema
    se abrirá el ascensor y en el cuarto piso
    saldrán ahora aquellos dos de la carriola,
    y el otro, el de la mochila con versos.

    Había una vez hace mucho, mucho tiempo,
    unos que vivieron felices para siempre.

    Avedoy, T. Anti-Dewey (notas de campo). Monterrey: UANL; pp.45-47

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