Jorge Cantú de la Garza: La irrupción de lo cotidiano

Jesús de la Garza

 

DESEMPOLVAR/ REACOMODAR

 

El futuro literario parece siempre ingrato, pero es deber de los lectores y escritores construir su propio canon, colocar, armar y valorar aquellas figuras que, por alguna u otra razón, se cubren con una gruesa pátina y son amenazadas por el olvido o el abandono.

 

El poeta regiomontano Jorge Cantú de la Garza no es ningún desconocido, pero es necesario admitir que, en los últimos años, su poesía circula poco y el acceso a la misma es cada vez más difícil. Hoy, su obra está sobreviviendo a la humedad. Se puede adquirir en el almacén de las librerías de viejo del centro de Monterrey (si se tiene suerte y amistad con el librero), o publicada en internet, en un blog de la década pasada, acompañado de GIFs de rosas con brillantina y anuncios publicitarios. 

 

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RECORTE #1 





DE VIDA IRREGULAR




para mi hijo




No fuimos personas comunes y corrientes.

Durante muchos años tuvimos diecinueve años

Propensos a la disidencia y el escándalo

ejercimos el desdén hasta la indiferencia.




Hoy, maduros ya mas nunca viejos,

seguimos siendo gente rara.

Nuestra rareza brinda a las gentes de bien

un prisma perfecto en qué mirarse

y seguir siendo, felizmente,

personas comunes y corrientes.

 

de De vida irregular (1986)

 

*

 

IRREGULAR APUNTE BIOGRÁFICO

 

En la que fue quizá su última entrevista, y en un número de Periódico de Poesía dedicado en parte a su obra literaria, se nos da un retrato final de Jorge Cantú: “Y ahí está el poeta, vestido con una sudadera y un pantalón azul. Tan diferente y tan igual. Su espíritu es el mismo, pero su cuerpo es otro: su rostro y su abdomen están inflamados por complicaciones respiratorias y tanto tratamiento. Pero el brillo de sus ojos y su sonrisa cuasi cínica característica revelan una personalidad que no puede esconderse.” El entrevistador continúa: “‘Aquí estamos para conversar sobre tu nuevo libro y tus 60 años de edad próximos el 1 de noviembre’. ‘Muy bien, gracias. Siéntate’, invita Jorge al momento en que se coloca en sus fosas nasales un par de mangueritas con oxígeno. ‘Esta cosa me ayuda a respirar mejor, pero en el momento en el que llegaste me las quité porque dije: no vaya a asustarse este hombre’”.

 

Jorge Cantú de la Garza, nacido en 1937, escribe y publica sus primeros poemas en las revistas Kátharsis, Apolodionis y Salamandra; se forma también como narrador gracias a una beca del Centro Mexicano de Escritores en 1960, evento que dará como resultado, muchas décadas después, su único trabajo de narrativa, El desertor. Este último libro, que se creyó desaparecido en un pequeño incendio, fue recuperado por Jorge Cantú Bonilla, hijo del poeta, y publicado hace algunos años por Iván Trejo en la hoy desaparecida editorial Atrasalante. En el prólogo, Cantú Bonilla señala “Siempre pensé que de los cuentos sólo quedaría mi recuerdo, pero hace unos meses mientras ordenaba papeles, encontré copias fotostáticas de la mayoría de los relatos. No sé si son las versiones finales, pero celebré el hallazgo y me di a la tarea de ordenarlos y releerlos”. 

 

Muchas veces, la vida y obra de los poetas se explica por medio de complicidades contingentes, azarosos encuentros que gestan una sensibilidad particular. En este sentido, es posible hablar de una dupla poética; autores hermanados por el uso de la ironía, el coqueteo entre la prosa y el lenguaje directo, honesto: Saskia Juárez, en el Archivo Sonoro de la Casa Universitaria del Libro, recuerda una anécdota. El padre de Jorge Cantú, asiduo del bar donde trabajaba entonces el poeta Andrés Huerta, pedía que le llevaran a su hijo, que esperaba en el vehículo, algún refresco, poniendo así en el camino de Jorge Cantú a otra persona con las mismas inquietudes literarias.

 

En este rápido apunte, cabe resaltar el esfuerzo de Alfonso Reyes Martínez, que dio nuevamente cuerpo a gran parte de la obra de Jorge Cantú de la Garza en la primera antología de su obra: Poesía (1966-1996) en la colección Señal del Tiempo. Jorge Cantú forma parte de esa efervescencia generacional de medio siglo, donde se encuentran también Carmen Alardín y Miguel Covarrubias

 

Destaca a su vez, en la biografía de Jorge Cantú de la Garza, su trabajo como gestor y promotor cultural, pues realizó junto a Humberto Salazar Diecinueve poetas contemporáneos (1989), una importante antología para acomodar el canon poético regiomontano,  además de fundar el suplemento “Aquí vamos” del periódico El porvenir y, también, el Centro de Escritores de Nuevo León, hoy un espacio fundamental para la formación de nuevas voces y proyectos literarios.

 

La obra poética de Jorge Cantú está compuesta por Celebraciones y epitafios (1982), De vida irregular (1986), Ajuste provisional (1991), La noche por delante (1996), y Armas de nacimiento (1998). Este último, póstumo, y publicado en el marco del homenaje que se le ofreció en el Festival Alfonsino de 1998. Vista en conjunto, su poesía es potente por su trato intimista, irónico y confesional, donde todo está en juego. 

 

Además, el trabajo de Jorge Cantú de la Garza se ha recogido en importantes antologías regionales, como el segundo tomo de Monterrey, alforja de poetas (1991) de Margarito Cuellar, y Nuevo León. Brújula Solar. Poesía (1876-1992) (1994) de Minerva Margarita Villarreal. 

 

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RECORTE #2 





NUBES, TÓSIGOS




Amaneció nublado

y como con una canción ranchera

echada sobre los restos de la noche.

Hay también días que amanecen con sol.

Entonces la canción se acurruca

en la garganta, anudada a otras cosas

que no se deben olvidar.




Los amigos, los médicos,

las mujeres de familia dicen:

“siempre amanece otra vez”,

como diciendo “yo muy bien, ¿y usted?”




Así pasan los días,

unos nublados, otros con sol.

Aunque no exactamente.




de Ajuste provisional (1991)

 

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LO COTIDIANO POR DELANTE

 

En los talleres suele enseñarse a los poetas a evitar el lugar común como la peste, y se da un valor desmedido a lo original. Esta práctica deriva, en muchas ocasiones, en oscuros hermetismos que sólo pueden entender, ya no los iniciados en poesía, sino aquellos que, por privilegio o penitencia, conocen personalmente al autor.

 

En nuestro ecosistema literario, la poesía de Jorge Cantú de la Garza tiene un matiz provocador, incluso incómodo, pues va precisamente en dirección contraria a aquellas formas cuidadas, bien portadas, preciosistas. En lugar de versos divinamente engarzados, adjetivados con diccionario en mano, opta por la limpidez de lo sencillo, de lo directo. Se trata de un poeta que está siempre en busca de la transparencia, de hacer del lenguaje un espejo de grandes verdades y que sus reflejos sean accesibles para todos

 

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RECORTE #3





ANTES DE PARTIR (FRAGMENTOS)




De amor, amor, nunca he escrito un poema.

He de hacerlo ahora pues me dicen que la muerte se  aproxima

y sé que Amor amorosamente me ha tocado

como la aurora, con uno de sus rosados dedos.




[...]




Cánceres, escorpiones, acuarios, sagitarios

nadando en la pecera de mis sueños,

como el joven obrero aquel, en Guayaquil,

que una noche me llevó a su cuarto de madera

donde bajo una débil bombilla, sobre la duela,

había una sábana por cama

y en la pared un clavo por guardarropa de su atuendo.

Qué limpia su pobreza, qué amorosa su hospitalidad,

tanto, que me avergoncé del hotel de lujo

a donde aquella noche yo regresaría cargado

de sucres que no necesitaba y que le di,

—para que te compres una camisa que te recuerde al  mexicano

le dije para vencer su resistencia al pago que  tranquilizara

mi conciencia por su pobreza inmerecida y mi opulencia,

también inmerecida.




[...]




La barbarie en que creciste, amado,

no podré borrarla jamás de tu memoria;




[...]




Sé que también tuviste por años un amor prohibido,

que no sabías que era amor ni que era prohibido.




de Armas de nacimiento (1998)



*

 

EL POETA ANTE LA CRÍTICA

 

El crítico literario Sergio Cordero, en su riguroso estudio Escrito en el noreste y otros textos sobre literatura regional (2008), nota la influencia del poeta griego Constantino Cavafis, y nos hace saber que “Jorge creía en la expresión directa y transparente que cualquiera podría entender y disfrutar. Pensaba que quienes evitan llamar a las cosas por su nombre, decir con sencillez lo que sentían, intentaban en vano ocultar su ignorancia respecto a la poesía y sus prejuicios ante la emoción en sí”.

 

Cordero también previó los riesgos de esta poética, señalando como peligros la “llaneza insípida” y lo “reflexivo sin lirismo”. Podríamos sumar a los comentarios de Cordero, a manera de defensa del lugar común, la respuesta que da respecto al uso de clichés el poeta John Ashbery, importante miembro de la New York School, en una entrevista del periódico El País: “Son fórmulas que le sirven a una inmensa mayoría de la gente para expresar sus sentimientos e ideas más íntimos, y eso es importante. Son frases rodeadas de un halo especial, sancionadas por la costumbre y que han sido útiles a muchísima gente”.

 

Por su parte, Isabel Fraire, en Periódico de Poesía, dice de Jorge Cantú que “ya ha logrado la meta primera de todo poeta: forjarse un lenguaje propio, se tiene una impresión poderosa de frescura. Es un poco como sumergirse de pronto en el agua de un río o una fuente en medio del campo.” Y subraya las influencias de la poesía japonesa, del haikú en específico, y de la poesía prosaizante, tendiendo una línea hacia Nicanor Parra y José Emilio Pacheco. La visión de Fraire es global, generosa, y consigue colocar el trabajo poético de nuestro autor en un panorama internacional. 

 

Cabe mencionar que no todas las críticas a la obra de Cantú de la Garza han sido positivas. En el mismo número de Periódico de Poesía, Cuitláhuac Quiroga comenta que “si bien la característica primordial de la poesía de Jorge Cantú de la Garza es ese despojo de la retórica convencional que hoy, por fortuna, es más un dato curioso de antropólogos y arqueólogos del lenguaje que de creadores y poetas, su discurso, por ese afán de no ser retórico, cae en una dinámica simplista, que, a través de la unión de los contrarios quiere resultar brillante”. 

 

Quiroga, sin embargo, y a propósito de una primera antología del poeta, resalta la importancia de la obra de Jorge Cantú, particularmente por el ambiente literario en la que se presenta, y el cual todos padecemos aún, casi treinta años después, en mayor o menor medida: “Por todo, Poesía 1966-1996 de Jorge Cantú de la Garza, significa un aliento poderoso a la débil y enclenque actividad literaria del norte del país. De este autor, confirmo, su constancia poética que, con altibajos y caídas, merece ser leída y estudiada”. 

 

Minerva Margarita Villarreal, en el estudio que precede a la antología Nuevo León. Brújula Solar. Poesía (1876-1992), escribe sobre Jorge Cantú que “es el poeta de la exactitud, de la palabra justa, del cierre atinado. A veces, sí, de tan asépticos los versos, de tan pulcros, es difícil encontrar la mancha de la poesía.”, pero agrega también a la balanza las virtudes que ve en su obra “ logra la desnudez en el lenguaje al mismo tiempo que expresa el sentimiento al desnudo. Es una poesía intimista y concisa cuyo objetivo apunta contra las reglas de la apariencia y la doble moral”.

 

Si bien los comentarios críticos no consideran por su temporalidad la última obra de Jorge Cantú, en todos se da cuenta del estilo simple, y no por eso llano, del autor. Ante todo, su poesía permanece fresca por su naturalidad, por su tratamiento de lo cotidiano y por su profunda búsqueda de la honestidad.

 

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RECORTE #4






CAPRICHO




Ha ido al baño.

Me dijo haz lo que quieras.

No escribiré ni una línea.

Ni una.

Basta.




de Armas de nacimiento (1998)

 

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AGRIDULCE FINAL

 

Después del trabajo realizado por Alfonso Reyes Martínez para compilar la poesía de Jorge Cantú, sólo hay otra antología que rescata buena parte de sus versos, Agridulce el recuerdo (2003), de Mantis Editores. En ella, el poeta Armando Alanís Pulido menciona que “los poemas de Cantú se resisten a caer en el olvido. Dotados de una evidente espontaneidad propagan un discurso con sentido de libertad y de fluidez”. Y es que lo simple, lo directo, lo natural, puede ser lo más difícil de lograr en un poema, pues exige del poeta un abrirse el pecho y mirar adentro sin parpadear. 

 

El valor de nuestro poeta es innegable, tanto en el ámbito literario como cultural. Queda pues, en el aire, de parte de quien esto escribe, dos propuestas indecorosas para evitar que los fantasmas quieran tomar venganza por un olvido injustificable. O bien, si se quiere, dos caprichosas peticiones de un lector empedernido. Primero, la reedición de la obra reunida de Jorge Cantú de la Garza, en lujosa tapa dura y con estudio crítico, si se puede. Segundo, el muy merecido (¡merecidísimo!) bautizo del Centro de Escritores de Nuevo León como Centro de Escritores de Nuevo León “Jorge Cantú de la Garza”. ¿Acaso las becas funcionarán como remedio para la amnesia cultural de nuestro estado?

 

BIBLIOGRAFÍA

 

  • Jorge Cantú de la Garza, El desertor. Ed. Atrasalante, México, 2019.
  • ___________________, Agridulce el recuerdo, Mantis Editores, México, 2023.
  • ___________________, Armas de nacimiento, UANL, México, 1998.
  • ___________________, De vida irregular, Gobierno del Estado de Nuevo León, México, 1986.
  • Sergio Cordero, Escrito en el noreste y otros textos sobre literatura regional. Ed. CONARTE, Monterrey, 2008.
  • Entrevista: John Ashbery. Un poeta en Nueva York. “Uso frases hechas para hacer más democrática mi poesía”. El País, Babelia, 17 de abril de 2004, https://elpais.com/diario/2004/04/17/babelia/1082158750_850215.html
  • Batallas de Jorge Cantú de la Garza. Periódico de Poesía, No. 19, Otoño, 1997, https://periodicodepoesia.unam.mx/wp-content/uploads/2016/03/pdp-19-campos.pdf

 

 


Jesús de la Garza.

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