Fragmento de “Circunvalación para llegar a la plaza”

Arnulfo Vigil, Sorjuanas en inglés (UANL / 2022)

 

Lengua propia/Lengua ajena

 

Hilada con el manto de tul del entrenamiento en el barrio literario, entre un lenguaje que le corresponde por tradición y una lengua que por adoptada la ha hecho suya, la poesía chicana es un híbrido lingüístico. No puede ser de otra manera porque los chicanos –esos moradores de una patria sin geografía– pertenecen a los Estados Unidos por adopción involuntaria y a México por tradición y parentesco.

Los chicanos escriben en una parte del mundo a la que han arribado por accidente: eran mexicanos y ahí vivían. Y se abre un panorama mayor y nutritivo que les corresponde: la lengua. Y otro monstruo: la fusión sincrética para un modelo insólito, el castellano, el español mexicano, el inglés norteamericano, el náhuatl. La capacidad evolutiva del lenguaje español a través de modismos, giros idiomáticos, neologismos, arcaísmos, configura un lenguaje híbrido y quizá un nuevo lenguaje. Y nuevos retos literarios: un artista de origen mexicano habla español, escribe en inglés y es traducido al español. La literatura en general y la poesía en particular chicanas dan pauta para la reflexión sobre la capacidad de transformación del lenguaje español. Además, recobra vocablos y otras expresiones (onomatopeyas, enálages, epilios, jitanjáforas, eneas) como no lo hace la poesía mexicana.

Los poetas chicanos, hombres y mujeres, escriben la lengua española en inglés. Al escribir traducen, al traducir proponen. Si el comercio mundial ha destruido la torre de Babel al implantar un mismo idioma de códigos de barras, instructivos y manuales de ejecución, la resistencia de los escritores chicanos permanece sólida en las construcciones lingüísticas como elementos primarios de su canasta básica literaria. El lenguaje se renueva a medida que pasa el tiempo. Una de las características lingüísticas de la poesía chicana es la introducción de imágenes de doble cultura con las cuales se crea una nueva realidad en el uso de las palabras. Eso da una visión distinta de la realidad, aquello que no se capta si se tiene una sola herramienta lingüística, un solo idioma. Hispanic. O: petate de plástico.

Un nuevo esquema de palabras que provienen de la mezcla del inglés y el español, del español al inglés, del inglés españolizado, del español “inglesado”. Y nuevos esquemas de dicción y pronunciación. Además, la tecnología de los instrumentos digitales y computacionales también ha impactado al lenguaje español, o, al revés, el español en su capacidad de resistencia lo ha hecho suyo.

Son conocidas las palabras derivadas del inglés que se han españolizado: sirope, troca, marketa, guacha, parquear, bironga, bisnes, chance. Las palabras del inglés que aparecen como naturales en el español: Standard, Carl’s. Composiciones en español que se utilizan como si fuera inglés: Aztecalifornia, Casaztlán, Califas, Netzayork. Las palabras del inglés (angloexpresiones) que se escriben de otra manera en español y que son de uso diario: por plis, tenquiu, oquei, bai. El español que se vuelve inglés sin dejar de serlo: Bet- to’s, Mc Gordo, Canales Cycle. Las palabras que se combinan entre inglés y español generalmente con otra caligrafía: chiquen frito, cerveza y drinks. Las palabras en inglés que se usan en español tal cual, pero con otra fonética: Colgate, Popeye, Palmolive. Las palabras producidas por los medios electrónicos: tuiteó, posteó. El inglés directo en territorio español al que corresponden muchas marcas comerciales: Levi’s, Ford, Lee. Y por último la dominación lingüística que conllevan los avances cibernéticos, en particular computacionales: Internet, Facebook (hay un derivado anómalo: feisbuqueando), mail, Google, Design, Corel Draw. Esto es grave en dos sentidos, el político y el idiomático, porque cuando un pueblo pierde su lenguaje, pierde su libertad.

Tradicionalmente se ha observado a la poesía chicana como la síntesis entre el inglés y el español, la intertextualidad en la combinación de dos idiomas en un mismo cuerpo poético, pero falta un elemento que rompe con esa concepción cierta: los chicanos no sólo defienden el español sino que recuperan tanto para la palabra hablada como para los textos literarios el idioma soterrado: el náhuatl. Y un hecho sorprendente: la integración en un mismo plano del náhuatl con el inglés. En este sentido los escritores chicanos van más allá de los escritores mexicanos. El lenguaje chicano es la síntesis de varias lenguas, como dijimos, el castellano, el español mexicano, el inglés y el náhuatl. México está presente en la poesía chicana dos veces, a través de su idioma original y el aprendido de los conquistadores españoles. Si la poesía es la conservación primigenia del lenguaje, como lo señala Margo Glantz, los chicanos son los garantes de la tradición.

Al recuperar los términos de las lenguas vernáculas, los poetas chicanos recuperan tradiciones y asomos vivos en los comportamientos nacionales. Nos dicen que los hábitos alimenticios tanto de ellos como de los mexicanos siguen siendo precolombinos: maíz, nopales, chile, huitlacoche, biznagas, jumiles, epazote. Y que nuestras concepciones ideológicas están preñadas por las herencias de esta cultura primigenia: el centralismo, la pasividad, la dependencia, la corrupción. Y también la belleza de nuestra literatura, de nuestra poesía. Hay un juego de resistencias y aportaciones. 

Al reclutar para la literatura términos (y nociones) propios de la literatura precolombina y novohispana, también difieren de ella porque ésta contribuyó a la mitificación mientras que al reusarlas (reciclarlas) los poetas chicanos la desmitifican (la hacen humana) y con esto el lenguaje se proyecta al futuro y el futuro es del lenguaje.

Los poetas chicanos y en particular las mujeres en su afán de retribución histórica recuperan símbolos, entre ellos principalmente la palabra, que las visiones clasistas y de literatura pasteurizada la remitían a la sección de arqueología o a los museos de pueblo, negando el uso más allá de las modas. La lengua, la palabra, es un tema de la poesía chicana.

No sucede así en el idioma inglés norteamericano implantado que coloca en latas sin conservadores expresiones pertenecientes a sus antepasados indígenas como okey, búfalo. Las chicanas y chicanos les han agregado términos provenientes del náhuatl que se expresan tal cual en México: Coyoacán, Naucalpan, Mixcoac. Bueno, hay nombres propios en términos precolombinos: Cuauhtémoc, Moctezuma, Xitlaly, Xochipily. Ningún norteamericano se llama Jerónimo o Toro.

Así, el lenguaje chicano como operador de una nueva visión es contra hegemónico, plurilingüe, democrático, respetando su evolución propia.

GINA VALDEZ

 

The Border

es una pared de engaños de púas,

una cadena de suspiros, un corazón

vivo, una herida antigua.

 

Aladino promueve lámparas

maravillosas, Alí Baba reúne a

sus ladrones, el Llanero Solitario

se junta con los Texas Rangers,

Darth Vader prepara a los Storm,

Troopers, El Santo lucha

contra Batman, la Llorona chilla.

 

Chaplin y Cantinflas suben una loma

temblando, bajan rodando.

Siqueiros pinta un cielo

de tono sangre, Dalí pega arriba

un luna violeta, prende

la sonrisa del Cheshire Cat.

 

Escondidas, patear latas,

indios y vaqueros,

ajedrez, dominó, Tin Marin,

la lotería, cada uno con

un mundo a cuestas.

 

Caminos de vidrios quebrados

brillantes como estrellas.

 

Una puerta atorada sin paredes,

una ventana rota donde

un zopilote aguarda sentado.

 

Una cruz de piedras

extendida hacia los cuatro puntos

cardinales, cada piedra un rezo,

cada rezo una piedra que sisea.

 

Un río seco, peces sin

aire, aire de lunas en remolino,

Cama de piedra, almohadas de murciélagos

inquietos, sueños de palomas

fosforescentes volando.

 

Caballos volando, balas que vuelan,

piedras voladoras, ojos ultravioleta

que perciben el calor, atrapan sus gemidos.

 

La frontera es un muro

de engaños de púas, un suspiro

de cadenas, un corazón activo,

herida nueva en cicatriz vieja.