Editorial: abril 2026

Este mes, escribimos sobre el verbo robar. ¿Qué es tomar para sí lo ajeno? ¿De manera violenta o con fuerza? ¿O del modo que sea?

Alan Valdez hace un precioso ejercicio sobre lo animal: «Su lomo, llanura recién nacida, opaca y sigilosa, era la liebre que esperaba con indiferencia los largos ríos que íbamos a recorrer.«

Dulce Bautista Salas nos brinda un poema sobre la infancia robada: «Ser evocador de cosquilleo desconocido, / Que se creía ausente y dolido, / Pero se desprende del sol azul, / Como obstáculo anhelado.»

Lupita Zavaleta Vega indaga sobre las consecuencias de nuestros actos con versos como: «ya en la roca me encuentra el arrepentimiento / siento en el cuerpo un oleaje robado / digo en voz alta        no quiero lastimar a nadie.»

Lázaro Izael Rangel hace una sensible reseña crítica de la película Hamnet: «En el teatro aparece el hijo fallecido. Allí cobra de nuevo espacio y tiempo, como si todos los tiempos convergieran en uno solo, el eterno presente de la representación. El tiempo del arte. Porque es verdad, todo arte inventa su propio tiempo. Un tiempo que no es el del reloj, sino el de la experiencia.»

Coral Aguirre reflexiona sobre el robo y su impacto ético: «Se roban así amores, roles, puestos, versos, planes, proyectos, afectos, y se roban niños, mujeres, hombres a causa de la fuerza de trabajo, marchitos por la esclavitud de horarios y rigores. O bien por la desatención de sus responsables, o bien por la indiferencia de todos nosotros. Y en el peor de los casos por injusticia de la ley o el terrorismo aplicado de los impresos amarillistas. Y mucho, mucho más.» 

Edgar Reséndez recorre una aparición: «te sientes un nuevo dios / cuando coloreas el rostro  / blanco de moomintroll».

Iveth Luna disecciona el deseo detrás de un robo: «Hay alguien que anhela una máquina de escribir, / y hay otro que solo quiere robar el amor, / hay alguien que desea una pensión vitalicia con interés compuesto, / y hay otra que nada más quiere robar tiempo, tiempo, tiempo.»

Diana Garza Islas hace un ejercicio lúdico: «Róbalo (significa) / todo el universo es tu jardín.»

Guadalupe García Alcoforado relata, de manera inquietante, el reino onírico que nos toma impunenmente: «Sabía que la pesadilla debía ser ocasionada por la enfermedad, pero en el fondo, había algo más, había visto a la mujer que le hablaba a través de su cuerpo.»

Donnovan Yerena escribe sobre afecta el incremento del costo de vida: «quiero no tener que pagar el precio de vivir, mirar a mi abuela una vez más como se contemplan las montañas, admirar la inmensidad cuando eres niño es algo que se nos desprende a gajos conforme crecemos.»

En Adelantos, tenemos unos potentes poemas de Minerva Reynosa: «pocas son las sensaciones que nos confronta hacia una fuga feroz / del cuerpo hacia adentro».

Presentamos un fragmento de una antología de poesía chicana escrita por mujeres: «Cama de piedra, almohadas de murciélagos/ inquietos, sueños de palomas/ fosforescentes volando.»

También contamos con un cuento del libro más reciente de Paul Medrano donde, según Federico Vite, «hay una visión del mundo articulada con personajes tropicales cuya debilidad radica en la propensión a la mala suerte, la mala resina y la mala leche, hombres y mujeres que se apoyan en la malicia para salir avantes de los empeños extraordinarios de la vida meridional en el sur de México.»

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¡Nos leemos pronto!

 

El equipo editorial.

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