Este febrero, escribimos alrededor del verbo procesar. Desde gestionar un conjunto de momentos relacionados entre sí, pasando por el instrumento judicial y terminando en el aspecto tecnológico de un programa en ejecución.
Abrimos con Diana Garza Islas, cuyo poema es sobre la potencia esta acción: «Morir de amor / no es morir, nadie se muere / por / moverse— / Un proceso es algo que avanza / avanza avanza como el ronroneo / ppurrrr ppurrrr, dice el diccionario».
Iveth Luna confronta un cierre entrelazando su linaje: «Quizá le di la misma vuelta una y otra vez con mi escritura para rodear sus huesos, para olisquearlos y saborearlos. Quedarme con la palabra Madre como el perro que guarda celosamente su peluche apestoso en su cama para dormir«.
Jesús de la Garza nos da tres poemas visuales cuyo contenido es también político: «Toda mi poesía se descalabra».
Donnovan Yerena ensaya sobre la muerte de su amado abuelo: «pienso en que quizás la muerte siempre está cerca, suscitándose a cada rato y en cualquier lugar. pienso en cómo serían nuestros días si estuvieras aquí, me pregunto si te gustaría monterrey, si amarías el helado de pistache de la sultana tanto como yo, seguro querrías subir el cerro de la silla un domingo antes del amanecer y sonreír, con esa sonrisa de piña que llevabas por rostro».
María Fernanda Ramos asemeja los fósiles a lo que procesamos: «En el cerebro, también la memoria actúa como carroñera, como microorganismo o como capa de sedimentación para procesar más tarde, en forma de huella, algunas experiencias que ha elegido como importantes para ser recordadas».
Lupita Zavaleta explora una intervención con IA: «Imágenes en desorden: el escáner que no registraba bien el contorno de sus premolares de abajo, la cara de la gente en la sala de espera, el regaño del demandado cuando ella dijo que sentía su boca muy extraña».
Coral Aguirre indaga sobre el proceso creativo: «Todo proceso de creación significa una evaluación, que a su vez integra otras muchas acciones, como comparar, desechar, elegir, etc. En el caso del arte, por ejemplo, denotar la participación del proceso en toda su magnitud es sumamente difícil, pues la asociación libre, según cada sujeto artista, pertenece al propio universo del dasein, esto es, del “ser ahí”».
Cordelia Rizzo escribe acerca de procesar como reconocer: «Reconocer es una forma de remediar heridas y desajustes que podemos ofrecer a otra persona. Reconocer también implica entender desde dónde está formada la percepción de la otra persona y poder empatizar».
María Bautista Salas nos comparte un poema sobre el daño: «Sáname con tu proceso que percibo eterno, / que sin atajos me acorralan en mi autodesprecio, / y me sentencian en mis batallas que creí luchar».
En Adelantos, compartimos unos fragmentos Fantasma y monumento, de Michelle Pérez-Lobo, que, en palabras de Tanya Huntington «despliega una galería de retratos de figuras extrañas -ésas que suelen ser ignoradas y hasta ninguneadas por los que ejercen la poesía como un arte elevado hacia las nubes, inmune a las preocupaciones de la calle. Esta fauna (humana y no humana) es abordada por la autora en toda su gloriosa fugacidad y permanencia».
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¡Nos leemos pronto!
El equipo editorial.












