Iveth Luna Flores
I.
Tomé la palabra Madre, la dejé desmoronarse entre mis dedos. Las boronas cayeron al piso: una hilera de hormigas la cargó sobre sus lomos para alimentarse con ella. Se llevaron migajas de mamá. No pude asirla completa, se me escapó.
II.
Siempre creí que mi escritura debía aguantar el solazo y la sed, soportar los labios partidos. Que mi lenguaje podría hidratarse de traguito a traguito. Quería hacer una escritura que mostrara las manchas blancas en su rostro y lo agrietado de los talones de sus pies. Una escritura que brotara como las gotas del sudor en temporada de canícula.
III.
Mamá, he intentado amasarte el cuerpo, suavizarlo con la palabra nube, con la palabra ave; he intentado volverte ligera con el viento que se cuela entre mis sílabas. Pero para llegar a ti, primero tuve que pasar por un camino lleno de estropajos, restregarme el cuerpo con ellos. Tuve que esconderme en una grieta al lado de los alacranes, aquellos que picaron tus manos cuando limpiabas la casa, los mismos que te volvieron tormenta que inundó nuestro hogar.
IV.
Si era yo hierba mala del monte, si andaba reptando la tarde, persiguiendo las piernas del calor para encajarme en el aire de su bochorno. Si era yo piel de cemento, dura e inquebrantable para sostenerle la mirada al sol. Si era yo lote baldío, basura sin nombre, planta rastrera. Si era yo invasiva con tu cuerpo, si eras más bien tú el baldío y yo la hierba intentando abarcarte, sofocarte.
V.
No podemos negarlo. Fuimos los cadillos punzando los dedos de nuestras madres. Nuestro áspero amor, a veces aterciopelado. Fuimos matas de coraje y resentimiento que cubrieron la palabra Madre hasta cubrirle rostro, hasta esconderla.
VI.
Quise remover la tierra para encontrar los esqueletos familiares, no sé si fue una poética o simplemente un deseo arrebatado de rascar la tierra para ver el proceso de su descomposición. Durante todos estos años he intentado leer a mi familia e inevitablemente terminé descifrando mi ciudad. ¿No son lo mismo? ¿No se enredan del mismo verde y se cubren de bichos y se llenan los pulmones de smog?
VII.
Mi abuela materna me dijo hace unos meses desde la camilla de un hospital: “Todas las familias están envueltas en lodo”. Dijo que lo había escuchado en una misa. Ella lo relacionaba con la suciedad, con lo corrupto, con los problemas. Pero yo pensé en la maleabilidad del lodo, en lo delicioso que se siente al tacto. Pensé en la imagen de embadurnar a la familia, volverla barro, darle una forma, dejar que se seque y después quebrarla. Juntar los pedacitos, humedecerlos e iniciar el proceso de nuevo.
VIII.
Madre: odre, fodre, hodre, utre: otra
Madre: escalera en la que me trepo para llegar a algo, a alguien desde que abrí los ojos
Madre: horda de mi vocabulario, pronombres que se chocan entre sí: alguien, ella, quien, esa, la, la, la, aquella, dónde, mía, tú, todas, muchas, nadie, ninguna, mía, mía, nada
IX.
¿No es todo volver al cuerpo de mamá? ¿No es todo huir de él, separarnos aún cuando ya hemos rebanado el cordón umbilical? Quizá le di la misma vuelta una y otra vez con mi escritura para rodear sus huesos, para olisquearlos y saborearlos. Quedarme con la palabra Madre como el perro que guarda celosamente su peluche apestoso en su cama para dormir.
X.
Mamá, fuiste la astilla con la que escribí mi primer poema. Hoy te tomo de los pies y los dejo reposar en el pasto, quiero que mis palabras le quiten la dureza a tus talones, que tu mirada descanse en el movimiento de las hojas de los árboles, que mi escritura ya no te busque adolorida ni incompleta. Hoy tomo tus dedos y los dejo escribir sobre el agua la historia que quieras para que yo te conozca una vez más, para soltarte de nuevo.
*Texto escrito durante la Residencia Artística Internacional en Casa Snowapple México 2026
Iveth Luna Flores. (Nuevo León, 1988) Licenciada en Letras Mexicanas por la UANL. Es autora de los libros de poesía Comunidad terapéutica (Premio Nacional de Poesía Joven “Francisco Cervantes Vidal” 2016), Ya no tengo fuerza para ser civilizada (Editorial Universitaria, UANL, 2022), Mis amigas están cansadas (Dharma Books, 2024) y del libro de ensayos Neblina afuera (Sexto Piso, 2025). Fue becaria del Centro de Escritores de Nuevo León, del programa Jóvenes Creadores del FONCA y del Sistema Nuevo León para el Impulso Artístico y la Creación. Imparte talleres de poesía para principiantes y especializados en diversos temas como la familia, la amistad y el paisaje urbano.












